Técnicas de modificación de conducta infantil para padres.
- César Sierra
- 3 ago 2025
- 5 Min. de lectura

1. Estrategias para fomentar o incrementar conductas adecuadas
1.1. Reforzamiento positivo
El reforzamiento positivo consiste en ofrecer una consecuencia agradable inmediatamente después de que el niño emita una conducta deseada, con el fin de incrementar su probabilidad de aparición en el futuro.
1.1.1. Principios básicos
La consecuencia positiva debe presentarse de forma inmediata tras la conducta.
Debe reforzarse cada vez que aparezca la conducta deseada para consolidarla.
Existen múltiples tipos de reforzadores: sociales (alabanzas, gestos afectivos), materiales (premios, juguetes) y de actividad (tiempo para jugar, colorear, etc.).
1.1.2. Formas de aplicación
El reforzador debe ser significativo para el niño (no todos responden al mismo tipo).
Es recomendable combinar reforzadores materiales y sociales, priorizando estos últimos por su valor educativo y afectivo.
Los reforzadores de actividad (tiempo para juegos u otras preferencias del niño) son especialmente útiles.
Puede utilizarse la técnica de la “conducta-preferida” como reforzador: permitir realizar una actividad frecuente o deseada tras una conducta menos habitual o más costosa (ej.: resolver ejercicios antes de colorear).
La conducta debe reforzarse de forma contingente e inmediata (ej.: “Me encanta cómo has obedecido a la primera” + contacto físico afectuoso).
Ante conductas complejas, conviene descomponerlas en pasos y reforzar cada subcomponente.
1.2. La alabanza
1.2.1. Criterios de uso eficaz
La alabanza debe ser específica y descriptiva, nombrando claramente la conducta positiva (ej.: “Has recogido todas las muñecas y las has guardado muy bien”).
Es recomendable añadir comentarios motivadores que refuercen el orgullo del niño (ej.: “Los números están muy bien hechos y ordenados”).
Hay que alabar incluso conductas que podrían parecer poco relevantes (estar sentado, esperar, escuchar…).
La sinceridad es fundamental: enfocar la alabanza en lo que se ha hecho bien.
Evitar el uso de “pero” tras la alabanza (no decir: “lo hiciste bien, pero…”).
Emplear un tono agradable, sin sarcasmos ni reproches.
Aplicar la alabanza de forma inmediata a la conducta.
Variar el estilo de elogio para evitar que se vuelva predecible o rutinario.
Se puede usar la alabanza anticipatoria o de prevención: elogiar que no haya habido una conducta inapropiada (“Gracias por cerrar la puerta sin portazo”).
No hacer referencias a errores del pasado (evitar frases tipo: “por fin lo haces bien…”).
Combinar alabanzas específicas (dirigidas a una conducta concreta) con otras más generales (ej.: “Estoy orgulloso de ti, te has comportado como un chico mayor”).
1.3. La atención como reforzador
1.3.1. Pautas de aplicación
La atención es uno de los reforzadores más potentes y accesibles.
No es necesario interrumpir completamente lo que se está haciendo para prestarla.
Puede consistir en:
Miradas.
Sonrisas.
Comentarios breves.
Preguntas rápidas.
Participación conjunta en alguna actividad.
1.4. El contacto físico
1.4.1. Consideraciones
Muy poderoso, especialmente en edades tempranas.
Puede consistir en:
Abrazos y besos.
Juegos corporales.
Palmadas afectuosas.
Cosquillas.
Sentarse juntos.
1.5. Recompensas y privilegios
1.5.1. Normas para su uso correcto
Las recompensas deben adecuarse a los intereses del niño.
Solo deben darse tras la aparición de la conducta deseada, nunca antes.
Su aplicación debe ser inmediata.
Hay que usarlas con consistencia: reforzar cada vez al inicio del proceso.
Evitar el uso repetido de la misma recompensa para que no pierda valor.
Ajustar la magnitud del refuerzo a la dificultad o esfuerzo requerido.
2. Técnicas para eliminar o reducir conductas inadecuadas
2.1. Extinción
La extinción consiste en dejar de prestar atención o eliminar cualquier tipo de consecuencia a una conducta problemática, de modo que esta pierda fuerza.
2.1.1. Procedimiento
Identificar el reforzador que mantiene la conducta (a menudo es la atención del adulto, incluso en forma de castigo o gritos).
Retirar toda forma de atención cuando la conducta aparezca:
No mirar.
No hablar.
No gesticular.
Alejarse si es necesario.
Complementar el proceso reforzando una conducta alternativa deseada e incompatible.
2.1.2. A tener en cuenta
Al principio, es probable que la conducta aumente en frecuencia o intensidad (estallido de extinción).
No ceder durante esta fase. Si se refuerza la conducta cuando ha aumentado, se consolidará con más fuerza.
No aplicar extinción si la conducta implica riesgos para el niño o los demás (en estos casos, optar por otras técnicas como castigo o retirada de privilegios).
Las conductas muy consolidadas requerirán más tiempo para extinguirse.
2.2. Tiempo fuera o aislamiento
Consiste en retirar al niño del contexto reforzante y ubicarlo temporalmente en un lugar neutral o aburrido, inmediatamente después de una conducta desadaptada.
2.2.1. Condiciones
El lugar debe ser aburrido pero no amenazante (ni oscuro ni temido).
Hay que explicarle al niño las normas antes de aplicarlo:
El tiempo comienza cuando está quieto y calmado.
Si se mueve o grita, se pausa el tiempo.
El tiempo debe ajustarse a su edad (aproximadamente 1 minuto por año).
Si se levanta, se le devuelve con calma.
2.2.2. Forma de actuación
Aplicar la técnica tras la conducta inadecuada con una sola instrucción firme.
Si no va solo, se le acompaña sin gestos afectivos.
El cronómetro se pone en marcha cuando esté tranquilo.
Si protesta o hace ruido, se pausa el tiempo.
Al finalizar, se le pregunta si quiere repetir la conducta que lo llevó al aislamiento.
Reiniciar el tiempo si responde negativamente o con hostilidad.
Finalizado el proceso, no hablar del incidente. Reiniciar la interacción de forma neutra.
Refuerza una conducta adecuada poco después del tiempo fuera.
2.2.3. Recomendaciones
No utilizar el tiempo fuera como amenaza anticipada.
No mostrar enfado ni discutir durante el aislamiento.
Ignorar conductas provocadoras durante el tiempo fuera.
Evitar distracciones en el entorno (televisión, juguetes, vistas atractivas).
Ser coherente y consistente en su uso.
El niño debe conocer qué conductas lo llevarán al aislamiento.
2.3. Castigo
Se considera una técnica de último recurso y debe aplicarse con precaución, evitando en todo caso el castigo físico.
2.3.1. Formas de castigo aceptables
a) Retirada de privilegios:
Se retira temporalmente una actividad o reforzador placentero tras una conducta inadecuada.
Ejemplos: no ver televisión, no ir al parque, no jugar con la tablet.
Debe explicarse previamente la contingencia.
Debe aplicarse inmediatamente después de la conducta.
Requiere consistencia en su aplicación.
A tener en cuenta:
Algunos niños pueden responder con más conducta disruptiva si han estado expuestos a castigos excesivos previamente.
Las sanciones deben ser moderadas y razonables.
Puede provocar rabietas que deben ignorarse (extinción).
No debe usarse como amenaza permanente ni aplicarse de forma desproporcionada.
b) Reparación del daño:
Se enseña al niño a corregir activamente las consecuencias de su conducta.
Ejemplo: si da un portazo, deberá abrir y cerrar la puerta correctamente.
Puede utilizarse como medida preventiva, explicando qué pasará si reincide.
3. Procedimientos combinados
3.1. Economía de fichas
Sistema basado en el uso de reforzadores simbólicos (puntos, gomets, estrellas) que el niño acumula y luego canjea por privilegios o actividades deseadas.
3.1.1. Pasos para su implementación
Seleccionar conductas que se desea instaurar o eliminar.
Establecer equivalencias entre conductas y puntos.
Crear una lista de privilegios que pueden obtenerse con los puntos acumulados.
Determinar el número de puntos necesarios para cada recompensa.
Empezar con criterios fáciles de alcanzar y aumentar progresivamente la exigencia.
Retirar poco a poco el uso de fichas para facilitar la generalización.
En contextos grupales, el simple hecho de acumular más puntos que otros puede actuar como refuerzo.
3.1.2. Consideraciones
El sistema debe ser visto como algo positivo, no como un castigo.
Eliminar puntos solo en casos concretos, y siempre con cuidado (ej.: “Molestar a un hermano implica perder un gomet”).
Evitar el uso punitivo excesivo que pueda desvirtuar el sistema.



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