¿Qué es el trauma psicológico?
- César Sierra
- 4 ago 2025
- 4 Min. de lectura

El trauma psicológico puede definirse como la respuesta emocional, cognitiva y fisiológica que una persona experimenta ante un evento o una serie de eventos abrumadores, percibidos como amenazantes para su integridad física o psicológica, y que desbordan su capacidad para afrontarlos de manera adaptativa (American Psychiatric Association [APA], 2022). Esta respuesta suele dejar una huella profunda en el funcionamiento emocional, social y somático del individuo, afectando la percepción de seguridad, la identidad y la relación con el entorno.
Tipos de trauma y desencadenantes
Los eventos traumáticos pueden clasificarse según su naturaleza, duración e intensidad:
Trauma tipo I: eventos únicos, inesperados y breves, como accidentes, desastres naturales, agresiones o muertes repentinas (Terr, 1991).
Trauma tipo II: experiencias repetidas o prolongadas, como abuso físico o sexual crónico, negligencia emocional o violencia doméstica continuada.
Trauma complejo: se produce en contextos prolongados de abuso, maltrato o abandono, especialmente durante la infancia, cuando el cerebro y el apego están en desarrollo (Courtois & Ford, 2020).
Trauma de apego: asociado a figuras significativas de cuidado, implica experiencias relacionales que vulneran la confianza básica, la contención emocional y la seguridad en el vínculo (Schore, 2012).
Entre los desencadenantes más comunes del trauma, encontramos: violencia física o sexual, accidentes, guerras, pérdidas abruptas, negligencia, situaciones de acoso, discriminación prolongada, institucionalización, hospitalizaciones traumáticas, y eventos tempranos de desprotección familiar. No obstante, lo que convierte a una experiencia en traumática depende de múltiples factores internos y contextuales.
Características, sintomatología y disociación
Los síntomas de trauma psicológico varían, pero suelen incluir:
Intrusiones (flashbacks, recuerdos vívidos, pesadillas).
Evitación de lugares, personas o pensamientos relacionados con el evento.
Alteraciones cognitivas y emocionales (culpa, vergüenza, despersonalización).
Síntomas somáticos y disociativos.
La disociación, en este contexto, se entiende como un mecanismo de defensa automático mediante el cual la persona se desconecta parcial o completamente de su experiencia emocional o corporal para soportar el dolor insoportable del trauma (Van der Hart et al., 2006). Puede manifestarse como amnesia, desrealización, despersonalización o "vacíos" de conciencia, y está especialmente presente en traumas complejos y tempranos. La disociación no solo es un síntoma, sino un estilo de procesamiento que puede cronificarse si no se aborda adecuadamente.
El trauma y el sistema de apego
Cuando el trauma ocurre dentro de relaciones de apego —es decir, cuando la figura que debía proteger es también la que genera miedo o daño— se produce una paradoja devastadora para el sistema emocional del niño (Main & Hesse, 1990). Este tipo de trauma impacta profundamente en la organización del apego, pudiendo dar lugar a patrones inseguros (evitativo, ambivalente o desorganizado) que se mantienen en la edad adulta y afectan la capacidad de confiar, regularse emocionalmente y establecer vínculos íntimos.
El trauma asociado al apego suele generar una profunda confusión relacional, problemas de identidad y autorregulación, así como dificultades para tolerar la intimidad sin activar respuestas de defensa. Estos casos requieren un abordaje terapéutico centrado en la seguridad relacional, la reparación del vínculo terapéutico y el desarrollo de nuevas formas de apego seguro (Siegel, 2020).
Abordaje terapéutico del trauma
El tratamiento del trauma debe ser integral y sensible al desarrollo, adaptado al tipo de trauma vivido, y considerar los niveles de disociación y organización del apego. Las intervenciones más eficaces incluyen:
EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por los Movimientos Oculares): facilita el reprocesamiento adaptativo de recuerdos traumáticos, incluso en pacientes con disociación (Shapiro, 2018).
Terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma (TF-CBT): útil especialmente en niños y adolescentes, combina exposición gradual y técnicas cognitivas (Cohen et al., 2017).
Terapia Sensoriomotriz y Terapias Basadas en el Cuerpo: abordan las memorias somáticas y la desregulación neurofisiológica propia del trauma (Ogden et al., 2006).
Psicoterapia del apego y el desarrollo: particularmente efectiva en trauma temprano y complejo, se centra en la reparación del vínculo, el trabajo con memorias implícitas y la co-regulación afectiva en la relación terapéutica (Schore, 2012; Liotti & Farina, 2016).
Modelos de estabilización y trabajo en fases: propuestos por autores como Janina Fisher o Judith Herman, se basan en una secuencia de: 1) estabilización, 2) procesamiento, y 3) reconexión.
El terapeuta debe actuar como una figura reguladora segura, capaz de sostener el dolor emocional del paciente sin retraumatizarlo, y facilitar nuevas experiencias relacionales correctivas.
Hacia una comprensión integradora del trauma
La visión contemporánea del trauma se aleja de los modelos exclusivamente médicos y comienza a incorporar enfoques relacionales, intersubjetivos y neurobiológicos. El trauma ya no se entiende solo como un recuerdo del pasado, sino como una experiencia que se mantiene viva en el cuerpo, las emociones y la mente (Van der Kolk, 2015). De ahí la importancia de un abordaje holístico, centrado tanto en el relato como en la vivencia.
Referencias
American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5th ed., text rev.; DSM-5-TR). American Psychiatric Publishing.
Cohen, J. A., Mannarino, A. P., & Deblinger, E. (2017). Treating trauma and traumatic grief in children and adolescents. Guilford Press.
Courtois, C. A., & Ford, J. D. (2020). Treating complex traumatic stress disorders: Scientific foundations and therapeutic models (2nd ed.). Guilford Press.
Liotti, G., & Farina, B. (2016). Suffering, dissociation and psychotherapy: An attachment perspective. Routledge.
Main, M., & Hesse, E. (1990). Parents' unresolved traumatic experiences are related to infant disorganized attachment status: Is frightened and/or frightening parental behavior the linking mechanism? In M. Greenberg, D. Cicchetti, & E. Cummings (Eds.), Attachment in the preschool years (pp. 161–182). University of Chicago Press.
Ogden, P., Minton, K., & Pain, C. (2006). Trauma and the body: A sensorimotor approach to psychotherapy. W. W. Norton & Company.
Schore, A. N. (2012). The science of the art of psychotherapy. W. W. Norton & Company.
Shapiro, F. (2018). Eye movement desensitization and reprocessing (EMDR) therapy: Basic principles, protocols, and procedures (3rd ed.). Guilford Press.
Siegel, D. J. (2020). The developing mind: How relationships and the brain interact to shape who we are (3rd ed.). Guilford Press.
Terr, L. C. (1991). Childhood traumas: An outline and overview. American Journal of Psychiatry, 148(1), 10–20. https://doi.org/10.1176/ajp.148.1.10
Van der Hart, O., Nijenhuis, E. R. S., & Steele, K. (2006). The haunted self: Structural dissociation and the treatment of chronic traumatization. W. W. Norton & Company.
Van der Kolk, B. A. (2015). The body keeps the score: Brain, mind, and body in the healing of trauma. Penguin Books.



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