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¿Qué es el trauma psicológico?

El trauma psicológico puede definirse como la respuesta emocional, cognitiva y fisiológica que una persona experimenta ante un evento o una serie de eventos abrumadores, percibidos como amenazantes para su integridad física o psicológica, y que desbordan su capacidad para afrontarlos de manera adaptativa (American Psychiatric Association [APA], 2022). Esta respuesta suele dejar una huella profunda en el funcionamiento emocional, social y somático del individuo, afectando la percepción de seguridad, la identidad y la relación con el entorno.


Tipos de trauma y desencadenantes

Los eventos traumáticos pueden clasificarse según su naturaleza, duración e intensidad:

  • Trauma tipo I: eventos únicos, inesperados y breves, como accidentes, desastres naturales, agresiones o muertes repentinas (Terr, 1991).

  • Trauma tipo II: experiencias repetidas o prolongadas, como abuso físico o sexual crónico, negligencia emocional o violencia doméstica continuada.

  • Trauma complejo: se produce en contextos prolongados de abuso, maltrato o abandono, especialmente durante la infancia, cuando el cerebro y el apego están en desarrollo (Courtois & Ford, 2020).

  • Trauma de apego: asociado a figuras significativas de cuidado, implica experiencias relacionales que vulneran la confianza básica, la contención emocional y la seguridad en el vínculo (Schore, 2012).


Entre los desencadenantes más comunes del trauma, encontramos: violencia física o sexual, accidentes, guerras, pérdidas abruptas, negligencia, situaciones de acoso, discriminación prolongada, institucionalización, hospitalizaciones traumáticas, y eventos tempranos de desprotección familiar. No obstante, lo que convierte a una experiencia en traumática depende de múltiples factores internos y contextuales.

Características, sintomatología y disociación

Los síntomas de trauma psicológico varían, pero suelen incluir:

  • Intrusiones (flashbacks, recuerdos vívidos, pesadillas).

  • Evitación de lugares, personas o pensamientos relacionados con el evento.

  • Alteraciones cognitivas y emocionales (culpa, vergüenza, despersonalización).

  • Síntomas somáticos y disociativos.


La disociación, en este contexto, se entiende como un mecanismo de defensa automático mediante el cual la persona se desconecta parcial o completamente de su experiencia emocional o corporal para soportar el dolor insoportable del trauma (Van der Hart et al., 2006). Puede manifestarse como amnesia, desrealización, despersonalización o "vacíos" de conciencia, y está especialmente presente en traumas complejos y tempranos. La disociación no solo es un síntoma, sino un estilo de procesamiento que puede cronificarse si no se aborda adecuadamente.


El trauma y el sistema de apego

Cuando el trauma ocurre dentro de relaciones de apego —es decir, cuando la figura que debía proteger es también la que genera miedo o daño— se produce una paradoja devastadora para el sistema emocional del niño (Main & Hesse, 1990). Este tipo de trauma impacta profundamente en la organización del apego, pudiendo dar lugar a patrones inseguros (evitativo, ambivalente o desorganizado) que se mantienen en la edad adulta y afectan la capacidad de confiar, regularse emocionalmente y establecer vínculos íntimos.


El trauma asociado al apego suele generar una profunda confusión relacional, problemas de identidad y autorregulación, así como dificultades para tolerar la intimidad sin activar respuestas de defensa. Estos casos requieren un abordaje terapéutico centrado en la seguridad relacional, la reparación del vínculo terapéutico y el desarrollo de nuevas formas de apego seguro (Siegel, 2020).


Abordaje terapéutico del trauma

El tratamiento del trauma debe ser integral y sensible al desarrollo, adaptado al tipo de trauma vivido, y considerar los niveles de disociación y organización del apego. Las intervenciones más eficaces incluyen:

  • EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por los Movimientos Oculares): facilita el reprocesamiento adaptativo de recuerdos traumáticos, incluso en pacientes con disociación (Shapiro, 2018).

  • Terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma (TF-CBT): útil especialmente en niños y adolescentes, combina exposición gradual y técnicas cognitivas (Cohen et al., 2017).

  • Terapia Sensoriomotriz y Terapias Basadas en el Cuerpo: abordan las memorias somáticas y la desregulación neurofisiológica propia del trauma (Ogden et al., 2006).

  • Psicoterapia del apego y el desarrollo: particularmente efectiva en trauma temprano y complejo, se centra en la reparación del vínculo, el trabajo con memorias implícitas y la co-regulación afectiva en la relación terapéutica (Schore, 2012; Liotti & Farina, 2016).

  • Modelos de estabilización y trabajo en fases: propuestos por autores como Janina Fisher o Judith Herman, se basan en una secuencia de: 1) estabilización, 2) procesamiento, y 3) reconexión.


El terapeuta debe actuar como una figura reguladora segura, capaz de sostener el dolor emocional del paciente sin retraumatizarlo, y facilitar nuevas experiencias relacionales correctivas.


Hacia una comprensión integradora del trauma

La visión contemporánea del trauma se aleja de los modelos exclusivamente médicos y comienza a incorporar enfoques relacionales, intersubjetivos y neurobiológicos. El trauma ya no se entiende solo como un recuerdo del pasado, sino como una experiencia que se mantiene viva en el cuerpo, las emociones y la mente (Van der Kolk, 2015). De ahí la importancia de un abordaje holístico, centrado tanto en el relato como en la vivencia.


Referencias

  • American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5th ed., text rev.; DSM-5-TR). American Psychiatric Publishing.

  • Cohen, J. A., Mannarino, A. P., & Deblinger, E. (2017). Treating trauma and traumatic grief in children and adolescents. Guilford Press.

  • Courtois, C. A., & Ford, J. D. (2020). Treating complex traumatic stress disorders: Scientific foundations and therapeutic models (2nd ed.). Guilford Press.

  • Liotti, G., & Farina, B. (2016). Suffering, dissociation and psychotherapy: An attachment perspective. Routledge.

  • Main, M., & Hesse, E. (1990). Parents' unresolved traumatic experiences are related to infant disorganized attachment status: Is frightened and/or frightening parental behavior the linking mechanism? In M. Greenberg, D. Cicchetti, & E. Cummings (Eds.), Attachment in the preschool years (pp. 161–182). University of Chicago Press.

  • Ogden, P., Minton, K., & Pain, C. (2006). Trauma and the body: A sensorimotor approach to psychotherapy. W. W. Norton & Company.

  • Schore, A. N. (2012). The science of the art of psychotherapy. W. W. Norton & Company.

  • Shapiro, F. (2018). Eye movement desensitization and reprocessing (EMDR) therapy: Basic principles, protocols, and procedures (3rd ed.). Guilford Press.

  • Siegel, D. J. (2020). The developing mind: How relationships and the brain interact to shape who we are (3rd ed.). Guilford Press.

  • Terr, L. C. (1991). Childhood traumas: An outline and overview. American Journal of Psychiatry, 148(1), 10–20. https://doi.org/10.1176/ajp.148.1.10

  • Van der Hart, O., Nijenhuis, E. R. S., & Steele, K. (2006). The haunted self: Structural dissociation and the treatment of chronic traumatization. W. W. Norton & Company.

  • Van der Kolk, B. A. (2015). The body keeps the score: Brain, mind, and body in the healing of trauma. Penguin Books.

 
 
 

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